
Nacido en la Galicia profunda.
Trabaja como alquímico de los fogones, aunque otros lo llaman Cheff.
Posiblemente sea una de las personas más bondadosas que conoceré jamás.
Mi padre.
(Aún me acuerdo de aquél momento en que mi padre me cogía de la mano mientras caminábamos por la calle. Sólo tenía unos 7 añitos y ya era una mala época en nuestras vidas, pues ambos nos estabamos separando de mi madre. Era una guerra de mayores, pero con pequeños mártires. Mis padres se estaban divorciando, y el mismo hombre que me llevaba de la mano ya no vivía en nuestra casa.
Cabe decir que los divorcios de antaño no eran procesos judiciales inmediatos, eran más bien eternas odiseas en las que ambas partes luchaban por conseguir el mayor número de "territorios"... incluyendo en ellos a sus propios hijos. Las custodias eran lo primordial, pero la casa, y el coche a veces se podían poner tristemente casi a la misma altura... y en aquellos años, eran las mujeres las que tenían las de ganar en estos inmorales concursos por la posesión. A pesar de que en aquella época no se estilara que la mujer trabajara (con sus pros y sus contras), practicamente se quedaban con "todo" dejando a la figura masculina como responsable de la ruptura y su consiguientes consecuencias economicas y morales. Pero tanta ambición seguramente dejó a más de una (mujer-madre) con el corazón vacio.)
Trabaja como alquímico de los fogones, aunque otros lo llaman Cheff.
Posiblemente sea una de las personas más bondadosas que conoceré jamás.
Mi padre.
(Aún me acuerdo de aquél momento en que mi padre me cogía de la mano mientras caminábamos por la calle. Sólo tenía unos 7 añitos y ya era una mala época en nuestras vidas, pues ambos nos estabamos separando de mi madre. Era una guerra de mayores, pero con pequeños mártires. Mis padres se estaban divorciando, y el mismo hombre que me llevaba de la mano ya no vivía en nuestra casa.
Cabe decir que los divorcios de antaño no eran procesos judiciales inmediatos, eran más bien eternas odiseas en las que ambas partes luchaban por conseguir el mayor número de "territorios"... incluyendo en ellos a sus propios hijos. Las custodias eran lo primordial, pero la casa, y el coche a veces se podían poner tristemente casi a la misma altura... y en aquellos años, eran las mujeres las que tenían las de ganar en estos inmorales concursos por la posesión. A pesar de que en aquella época no se estilara que la mujer trabajara (con sus pros y sus contras), practicamente se quedaban con "todo" dejando a la figura masculina como responsable de la ruptura y su consiguientes consecuencias economicas y morales. Pero tanta ambición seguramente dejó a más de una (mujer-madre) con el corazón vacio.)
Fotografía por Daniel Balboa.
Todos los derechos reservados al autor de la obra y sus retratados.
(la belleza de la sencillez)
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(la belleza de la sencillez)